Anatomía de los huesos

El cuerpo humano tiene 206 huesos que juntos forman el esqueleto o armazón. Dan forma y firmeza al cuerpo, sirven de puntos de inserción para los tendones y protegen los órganos internos.

Diferentes tipos de huesos

Los huesos también se denominan 'huesos'. Estos pueden dividirse en cuatro categorías:

  • Huesos largos y cortos. Los huesos largos constan de una parte media (la diáfisis) y dos extremos más anchos. Estos extremos forman la cabeza o la cavidad de una articulación. Un ejemplo de hueso largo es la tibia. Los huesos de los dedos son ejemplos de huesos largos pequeños.
  • Huesos planos. Son huesos planos como los del omóplato o el cráneo.
  • Huesos sesamoideos. Se encuentran en el interior de un tendón, como la rótula.
  • Huesos irregulares. Son huesos que presentan muchas superficies articulares o apófisis diferentes. Por ejemplo, las vértebras o los huesos del carpo y del tarso.

Formación y resorción continuas del tejido óseo

Los huesos están formados principalmente por minerales, proteínas y agua. Un hueso se está degradando y reconstruyendo constantemente. Esto se realiza mediante los osteoblastos, las células formadoras de hueso, y los osteoclastos, que eliminan el hueso envejecido o dañado.

En edades tempranas el cuerpo forma más hueso del que reabsorbe. Y debe ser así, porque al nacer la mayor parte de los huesos está compuesta aún por cartílago. Los huesos se alargan y endurecen hasta que alcanzan la masa ósea pico. En ese momento los huesos han terminado de crecer, tienen la mayor masa ósea y están en su punto de máxima resistencia. Esto sucede alrededor de los 30 años.

A partir de entonces, la resorción va imponiéndose poco a poco. La calidad y la resistencia de los huesos disminuyen. Una consecuencia de ello es la desmineralización ósea. Los huesos se vuelven más frágiles y pueden romperse con más facilidad. La salud ósea depende de los siguientes factores:

  • Predisposición hereditaria.
  • Una dieta sana y variada.
  • Actividad física regular (lee también sobre huesos más fuertes gracias al deporte y el entrenamiento de fuerza).
  • Poco estrés, ya que el estrés dificulta la absorción de nutrientes.
  • Suficiente luz solar para la producción de vitamina D.

El hueso de fuera hacia dentro

De fuera hacia dentro, el hueso está compuesto por varias capas. La parte externa está rodeada por un periostio con muchas fibras nerviosas. Por eso duele tanto cuando, por ejemplo, te golpeas la tibia. Justo por debajo se encuentra una capa ósea compacta y dura.

Un hueso no es completamente macizo. En su interior está lleno de tejido óseo esponjoso con múltiples cavidades que le dan un aspecto 'aireado', la cavidad medular. Aquí se encuentra la médula ósea. Hay dos tipos de médula ósea:

  • Médula ósea roja: los huesos están llenos de médula roja desde el nacimiento. La médula roja produce nuevas células sanguíneas rojas para el transporte de oxígeno, células sanguíneas blancas para la defensa y plaquetas para la coagulación.
  • Médula ósea amarilla: a edades más avanzadas, gran parte de la médula roja desaparece y se transforma en médula amarilla. En ella se almacenan principalmente ácidos grasos. En lugares como el fémur, las vértebras, las costillas y los huesos de la cadera, la médula roja sigue presente.

El hueso de arriba abajo

También de arriba abajo pueden distinguirse distintas partes en un hueso largo:

  • Epífisis: en el extremo se encuentra la epífisis. Esta garantiza que el cartílago articular reciba suficiente nutrición.
  • Metáfisis: los huesos crecen a partir de la metáfisis, situada por debajo de la epífisis.
  • Diáfisis: en la parte media del hueso se halla la diáfisis, donde la cavidad medular se encarga de la formación de nuevas células sanguíneas.

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