Nervio motor

Nervio eferente

Los nervios motores llevan información desde el sistema nervioso central hasta los músculos. Las señales para ello se originan en el área motora del cerebro. Estas señales descienden a través del cerebelo y del tronco encefálico hacia la médula espinal. El cuerpo celular de un nervio motor permanece en el sistema nervioso central; mediante una larga prolongación, finalmente llega al músculo.

Para poder realizar un movimiento, los músculos deben recibir la orden correspondiente. Ese control se realiza a través del encéfalo y de los nervios motores. Los sentidos han percibido estímulos del entorno. Transmiten estas señales mediante nervios sensitivos al sistema nervioso central. A continuación, el sistema nervioso central envía señales a los músculos para que entren en acción.

Por ejemplo, para clavar un clavo en una tabla. Primero, nuestros sentidos, como los ojos, han explorado el entorno. Los nervios sensitivos del brazo informan de la posición del brazo en ese momento y envían esta información al encéfalo. El encéfalo procesa la señal en un movimiento y, a través de los nervios motores, se contraen los músculos adecuados. El resultado: agarrar el martillo con precisión, levantarlo y golpear el clavo con la fuerza exacta.

Esta es la parte voluntaria de los nervios motores. Sin embargo, estos nervios también desempeñan un papel en los movimientos involuntarios del cuerpo. Nos referimos a las acciones inconscientes, como contraer el músculo cardíaco en el momento adecuado. Esto ocurre de forma completamente automática. Es imposible generar en el encéfalo una señal que, a través del nervio motor, llegue al corazón para detenerlo o hacer que trabaje más.

La corteza motora del cerebro consta de una mitad izquierda y otra derecha. Las vías nerviosas que se originan aquí se cruzan antes de entrar en la médula espinal. Este cruce hace que, en personas con un accidente cerebrovascular en el hemisferio derecho del encéfalo, el lado izquierdo del cuerpo se vea afectado.

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